La vida de la directora de cine Arantxa Aguirre es inusual. Hija de una actriz y un director de cine podría decirse que lleva el arte de mirar en la sangre. Doctora en filología, su vasta cultura es el ingrediente que convierte sus documentales en obras de arte, en retratos de la realidad con el atractivo del espectáculo. Porque Aguirre, sabe bien, que la mirada lo es todo.

Arantxa Aguirre visita Huelva estos días para proyectar su laureado documental Dancing Beethoven dentro de la programación de Wofesthuelva de este año. Hablamos con ella para que nos presente su trabajo, su carrera y, en definitiva, su visión sobre la vida como mujer y como directora de cine. 

1. ¿Cómo termina una filóloga haciendo cine?

Cine y literatura han sido vitales para mí desde la infancia. Creo que los dos responden al mismo deseo de contar historias. Primero las escuché, relatadas por mis abuelas, por ejemplo, después me hice lectora y cinéfila apasionada y he terminado contándolas yo misma. Que lo haga en forma de películas y no en forma de novelas no altera lo esencial. Creo que estudié literatura y no cine porque, por una simple cuestión de antigüedad, la literatura española ofrece un acervo de autores y obras maestras que me pareció muy interesante estudiar.

2. Se ha especializado en cine documental y biográfico, ¿qué es lo que le atrae de este género? ¿Tiene algún personaje en la recámara?

El documental es un género más modesto y, como tal, menos dependiente de la industria. Me permite trabajar de una manera más artesanal y más libre, por eso me gusta. Además, el contacto permanente con la realidad me proporciona una fuente inagotable de enseñanzas y de inspiración.

En cuanto a la biografía, no creo haberme especializado, aunque es cierto que he dirigido unas cuantas porque se suelen demandar dentro del género documental. De hecho, ahora estoy trabajando en la del compositor Enrique Granados y, a continuación, tengo un proyecto sobre Zurbarán que no será una biografía propiamente dicha pero sí tendrá que contar quién era Zurbarán y cuál era su contexto.

3. Cómo surge la idea de rodar Dancing Beethoven. 

A partir de mi documental El esfuerzo y el ánimo (2009) seguí trabajando con la compañía de Béjart y, en este caso, ellos me pusieron muy pronto sobre la pista de ese gran montaje de la Novena de Beethoven que iban a acometer junto a la Filarmónica de Israel y el Ballet de Tokio. Me pareció que ahí había un largometraje, que las circunstancias lo ponían a mi alcance y que de ninguna manera podía perdérmelo. 

 

4. ¿Cómo fue el rodaje?

Se extendió a lo largo de varios meses y, como es inevitable, sucedieron muchas cosas que no estaban previstas y que después formaron la materia prima de mi historia. Como pasa a menudo en el caso de los documentales que acompañan un proceso real, el guión definitivo hubo que escribirlo en la sala de montaje.

 

5. ¿Las mujeres lo tienen más difícil en el cine? 

En el cine, como en casi todos los ámbitos. Pero tenerlo difícil a veces es un acicate para sacar lo mejor de ti misma. En todo caso, no me gusta perder mis energías en quejarme. Las necesito para, al menos, tres cosas muy importantes: entender la realidad que me rodea, aprovechar lo que exista de bueno e intentar mejorar lo que pueda mejorarse.

 

6. ¿Cuáles son los principales problemas que, desde su experiencia, aprecia para las mujeres en el cine y cómo cree que podrían remediarse un poco?

Imagino que se trata de los mismos problemas a los que tienen que enfrentarse las mujeres en todas partes y que tienen su origen en una falta de consideración profundamente arraigada. ¿Cómo puede remediarse? Es una cuestión de educación y de, entre todos, luchar por reconocer, valorar y divulgar el talento femenino. Porque una sociedad más justa acaba beneficiando a todos, hombres y mujeres. Por mi parte, intento hacer muy bien mi trabajo para aportar referencias a las jóvenes que vienen detrás. Hay que conseguir que la fuerza de los hechos se imponga a los prejuicios.

Me gustaría decir que, aunque queda muchísimo camino por recorrer, estoy impresionada por la fuerza que veo en las mujeres jóvenes. Me da mucha alegría ver que muchas no están dispuestas a pasar ni una, que están ocupando el espacio público y que han llegado para quedarse. Bravo por ellas.